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Un buen día en un café cercano de ahí del periódico, el Paso Autel, Enrique Gómez Junco se tropezó con Alfonso Garza, alto ejecutivo de Troqueles y Esmaltes que era una empresa vidriera. El Paso Autel era un lugar cerca a los periódicos, en donde con cierta regularidad nos juntábamos por amistad con Ángel Cueva que era el dueño del Paso Autel. Ahí venía Rosendo Caballero, Dios lo tenga en paz, Roberto A. Garza, un licenciado que le decíamos el Abogado Pequeñín, por lo chaparrito, cuyo nombre se me escapa; otro de los habituales era Roberto Zambrano, que con cierta regularidad asistía. Lo frecuentaban también tanto el Lic. Alfonso Garza como su hermano el Ing. Jorge L. Garza; un buen día - repito - Enrique Gómez Junco se encuentra con el Lic. Alfonso Garza de Troqueles y Esmaltes. Alfonso le dice a Enrique: - Quique - porque así lo apodaba, - ¿cómo se puede arreglar el problema? A lo que Enrique le contesta: - Creo que la solución está en ustedes. Se hizo una oferta a la que posteriormente se negaron, como a ti te consta. - Sí - le contestó Alfonso - estoy enterado el problema, pero yo insisto que todo problema tiene solución. - Posiblemente - dice Enrique - ¿Por qué no le cumplen a Rodolfo la oferta que le hicieron? - ¿Pero tú crees que Rodolfo va a aceptar eso? - Mira, ahorita está en su oficina con una llamada de larga distancia, vente. - No, pero como voy a llegar sin hacer cita con él -Tú te vienes conmigo-, le dijo Enrique. Se presenta Alfonso en mi oficina, me levanto yo del escritorio, le doy un abrazo. - ¿Poncho cómo estás? - Bien Popo - me dice-. Siempre me decía Popo. - Qué gusto en verte, ¿a qué se debe la visita? - Pues estaba platicando con Enrique y me dijo que posiblemente había unasolución para el problema. - Mira, le dije yo; lo que pretendo es que me cumplan lo que me ofrecieron. - Sí,- me dice Alfonso - pero ¿a qué precio? - ¿Qué te parece valor de libros? - Bueno, ¿y los dividendos? - Los dividendos están en un Juzgado. - Llevan ustedes los cupones, y ellos los pueden redimir. - ¿Me permiten un teléfono? - Sí como no - le dijo Enrique -vente pásale al salón de juntas. Le abre la puerta, lo deja entrar, Enrique regresa a mi despacho, al poco tiempo sale Alfonso y me dice: - Hablé con el Ing. Bernardo Garza Sada y está de acuerdo. - Magnífico - le dije yo qué bueno, yo siempre tuve la impresión de Bernardo que era un hombre vertical, muy decidido, muy trabajador y un hombre de palabra. - Mañana aquí nos vemos,- me dijo Alfonso - voy a traer algunas personas conmigo para que finiquitemos esto, y Dios por delante. -Aquí nos vemos Poncho, mañana con el favor de Dios. Efectivamente, al día siguiente vino, puntual, con las acciones en la mano, yo le extendí un cheque de la empresa Distribuidora de Aviones, que era mi empresa, para pagar el valor de las acciones. Al terminar la operación me dijo: - Bernardo quisiera venir a visitar el periódico. - Me permites el teléfono de Bernardo, yo le hago una invitación personal. Lo llamé a su directo, me contestó, y le dije: - Siempre eres y serás bienvenido como tú lo sabes, tuve una gran amistad con Dionisio tu hermano y la sigo teniendo, tú dices a qué hora y qué día. - ¿Qué te parece esta tarde a las cinco de la tarde? - Te espero a las cinco. Poco antes de las cinco bajé, salí a la calle, venían Alfonso y Bernardo en un automóvil, les pedí que se estacionaran en el estacionamiento nuestro que estaba en la esquina de Zuazua con Washington, hicimos un recorrido por las nuevas instalaciones, nos dimos un abrazo, le agradecí a Bernardo su hombría y nos despedimos. Ahí terminó un largo boicot que duró siete duros años. La familia / Los inicios de El Sol ´´ En 1914, durante la revolución, mi padre, Don Rodolfo, se fue a vivir a Michigan, donde trabajó armando autos Ford modelo T. Más tarde regresaría a buscar trabajo a Monterrey, y aprovechando la ideología liberal del momento fomentada por periódicos como El Porvenir, empezaría el periódico El Sol con la ayuda e inteligencia del visionario Don Luis G. Sada. Inicialmente, iba a ser matutino, pero dado un problema mecánico de la prensa que mi padre tuvo que arreglar, salió en la tarde, o sea, el único lugar del mundo en que el sol nace en la tarde es en Monterrey, México. Mi padre sufrió lo indecible tratando de sacar el periódico adelante. Amenazas de quiebra, falta de dinero, pero no faltó por ahí un buen hombre como Don José García de la panadería El Nopal, que en varias ocasiones hiciera fuerte a mi padre, prestándole dinero para que le pagara a sus empleados que eran unos cuantos. Poco a poco fueron mejorando las cosas muy despacio. ´´ 1936, la competencia se expande y El Sol responde ¨¨ Pero en 1936, El Porvenir decidió lanzar el periódico El Tiempo con tres ediciones diarias para competirle a El Sol. Entonces, desesperado mi padre acude con Don Luís G. Sada y le dice a Don Luis: - No sé que piense usted, qué vamos a hacer-, le dijo -No se preocupe. Vamos a poner otro periódico, ahora un matutino. Y en 1938 se fundó El Norte. Tres años después, Don Luís G. Sada, que había sido todo un pilar de apoyo para el periódico. Lamentablemente fallece, a los 57 años de edad. A Don Luís G. Sada le debe Monterrey y todo México la creación del Centro Patronal, en el caso de la Cervecería Cuauhthémoc la creación de la sociedad Cuauthémoc y Famosa, para todos sus empleados. Fue todo un legado por parte de Don Luís que los frutos todavía se están cosechando." Hora de formar familia "Mi actual esposa, Lilian, de la que hay una foto detrás de mí, y yo, nos conocimos en Monterrey, cuando su padre, que fue ingeniero de Seguridad Industrial fue contratado por Peñoles para trabajar en su empresa. Al poco tiempo ella se viene a vivir a San Antonio yo me fui a la Universidad de Texas de estudiante. Cada fin de semana la visitaba, nos hicimos novios. Desgraciadamente cuando regresé a Monterrey en 1942 nos separamos. Ella siguió su vida, yo seguí la mía, me casé, se casó ella.En 1946, me casé con mi primera esposa Elba González, en 1947 nació nuestro primer hijo Rodolfo, en 1948 nace mi segundo hijo, muere Don Celedonio, el inolvidable abuelo, gran poeta, escritor, editorialista, que colaboró con El Sol durante muchos años. Mi padre sufre un infarto, a raíz de eso me fui interiorizando yo más y más como he dicho, en el manejo de los periódicos. Pasa el tiempo, nace Carmen nuestra primer hija, nace María Teresa nuestra segunda hija, y el pilón fue Lorenzo. Rodolfo y Alejandro hicieron su carrera de periodismo en la Universidad de Texas donde se graduaron y regresaron a Monterrey a incorporarse al periódico." Todos coludos o todos rabones "Desde un principio les hice saber que el hecho de que fueran mis hijos no les daba el derecho de violar los reglamentos establecidos en la Empresa, que los nexos familiares los dejábamos en la puerta de entrada, que se les iba a tratar de la misma forma que se trataba a las otras personas. Un buen día, un viernes, llego a la oficina del Lic. Abelardo, nuestro Subdirector, donde siempre a la una de la tarde, tanto Enrique Gómez Junco como el Lic. Abelardo A. Leal Jr., algunas veces venía Manuel G. Rivero González nuestro comisario, y yo, nos juntábamos para comentar sobre acontecimientos. Le pregunto yo al Lic. Abelardo: - Oiga no veo yo a Rodolfo. - Señor- me dijo, -no sé dónde está. - Bueno, ¿pero no debería estar aquí? - Si señor, pero... - ¿Me permite el teléfono por favor?, le dije. Hablo con el Jefe de Personal: - ¿Rodolfo se reportó con ustedes? - No señor, no se ha reportado aquí con nosotros. - Muy bien, gracias. Pasó el día. Llego yo a la casa y me encuentro con que se había ido a Daytona a una carrera de automóviles sin avisarle a nadie. Regresa el lunes en la mañana y lo intercepto: - ¿Dónde andabas? - Es que me fui a Daytona a una carrera ... - ¿A quién le avisaste? - Yo no tengo que avisarle a nadie. - No, ya rompiste la regla principal, por la puerta donde entraste, por esa puerta te me vas, yo no voy a tolerar que un hijo mío sea el primero en violar los reglamentos. Tú al igual que yo, tenemos la obligación de ser los primeros en respetarlos, te guste o no te guste. Fue por supuesto y se quejó con su abuela, su abuela quiso intervenir y yo le dije a mi madre: - Por favor no te metas, esto puede traer muchas consecuencias. Pasa el tiempo, un buen día viene Enrique Gómez Junco a quejarse que Alejandro lo estaba molestando. Hablo yo con Alejandro. - ¿Qué esta pasando? - Es que yo pienso... - Un momento - le dije - ¿quién es el Jefe del Departamento de Publicidad? ¿El o tú? Vas a tener que entender que a los ejecutivos de esta empresa los tienes que respetar, no te queda más remedio. -Pues si es así yo me voy. -Te podrás ir. -Pues no. Tuvo que aceptar que había hecho mal." La pérdida de mi compañera y un reencuentro "En 1972 mi mujer, María Teresa, Lorenzo y yo, fuimos a Houston los llevamos al Astro World. Una noche que estábamos ahí en Astro World, al subirnos a la plataforma de uno de los juegos, se apagó repentinamente la luz y el juego empezó a girar, atrapándonos a ambos tanto a ella como a mí, debajo de la plataforma. Yo veía pasar encima de mí un enorme tubo que subía y bajaba; yo estaba situado de manera que el tubo me pegaba un poco en la rodilla izquierda y luego subía, pero ese tubo lamentablemente destrozó a mi mujer. Para mí fue una escena muy dura ver que mis pobres hijos veían a su madre destrozada, grité pedí una ambulancia la llevaron al hospital y ahí me dijeron claramente que la señora había fallecido. Me trasladé con mis hijos al hotel, llamé a Monterrey para dar la noticia. No quise hablarles a mis padres ni a mis hijos mayores sino que le pedí a Abelardo que por favor fuera a la casa de Enrique, que se pusieran de acuerdo para ir a la casa de mis padres y avisarles lo que había sucedido. Pasa un poco de tiempo - ya de regreso al periódico - y del conmutador me dicen que hay dos personas del Astro World que querían hablar conmigo. Resultó que eran dos abogados que querían que firmara yo un documento exculpando a Astro World de lo acontecido, a lo que categóricamente me negué. Se me hizo de muy mal tacto aprovechar de un momento tan inoportuno para tratar de evitar una demanda, y eso honradamente me enardeció. Salen los señores, suena el teléfono y era el padre de Lilian, el Ing. Osterwich que estaba muy enfermo de cáncer en San Antonio, fue colaborador de El Norte por muchos años. El Ing. Ostrebish, me dice: - Estoy muy enfermo, sé que viene a San Antonio con mucha regularidad, lo recuerdo, cómo me gustaría volverlo a ver. -Ingeniero, la próxima vez que esté yo en San Antonio con todo gusto iré a su casa, déme su dirección por favor, yo le aviso antes de tiempo. - No me tiene que avisar, usted nada más llega. Efectivamente fui, y para mi sorpresa, ahí estaba mi actual esposa, libre como yo, y ahí reanudamos nuestras relaciones. Al poco tiempo decidimos que nos casaríamos en diciembre de ese año, le avisé a mi familia de mis propósitos. A Carmen la mayor de mis hijas le pedí por favor que buscara un apartamento a donde llevara yo a mi nueva esposa, porque no quería llevarla a la casa en donde habíamos vivido tanto ellos como su madre y yo, por respeto. En diciembre nos casamos, fui yo a Monterrey a pasar la Navidad, ella se quedó en San Antonio, regresé por ella, fuimos a Monterrey para presentársela a la familia, y para mi sorpresa, mal entraba yo a mi oficina del periódico, cuando se presentaron mis cinco hijos. Alejandro llevaba la voz cantante diciéndome que ellos no reconocían ese matrimonio, por supuesto que mi contestación no se dejó esperar, salieron muy molestos. Yo creí que ellos pensaban que como nos habíamos casado nada más por el matrimonio civil, no nos podíamos casar por la iglesia. Nos casamos por la iglesia en la casa de mi madre. La noche del casamiento, era una serie de caras duras, todas de mi familia, cuatro caras amables, Toña, María Antonia Rivero de Junco, esposa de mi hermano Guillermo, muy linda persona Dios la tenga en paz, Guillermo, mi hermano ya fallecido, Tere Gómez Junco, Enrique Gómez Junco y la cara más alegre de todas Manuel G. Rivero González." |