Sumario
Inicio
Historia
  -  Don Rodolfo rompe su silencio de 32 años
  -  Vendedor sin permiso para vender / El boicot
  -  Fin del boicot / Pacto de caballeros
  -  Las acciones volaron
Egoteca
  -  Cuando nació Reforma... nació un ángel. ¡Qué tal!
  -  La reforma de Reforma
  -  Ándale... hasta en el obituario de Mary Gardner sale Ajota
  -  Mi marciano favorito, no; "¡My hero is Alejandro!"
  -  Échale otro veinte al piano: ¡¡dizque el Rey reconoció los méritos periodísticos de AJ!!!
  -  Así hablaba Zaratustra: "Junco is a publishing genius"
  -  Premio para AJ coincide con demanda por difamación. ¡Huy!
  -  La Madre Adota a los Junco, de la esposa de Jorge Treviño
  -  Sopas: Ale está entre los periodistas con mayor liderazgo en los últimos 50 años
  -  El periodista Julio Scherer, galardonado con el Premio Nuevo Periodismo
  -  Cómo salir en la foto con Don Juan Carlos mientras otro desenmascara a "Sérpico"; que vivo resultó Tato
  -  Premios Ortega y Gasset
  -  Qué cinismo: en Reforma desconocen a José Vales
  -  Reforma tituló: "Acusan de delincuente" en lugar de "Acusan de genocidio"; "No tenían idea de la importancia del tema de Cavallo" dice José Vales
  -  Un castigo bíblico
  -  Terra: José Vales descubre e identifica a Ricardo Cavallo
  -  Premios Ortega y Gasset 2001
  -  Échate un taco / Así tituló Ale una conferencia: "From No. 2 in a province to No. 1 in a nation"
  -  Los junco
  -  Una leyenda llamada Alejandro; una biografía digna de Hollywood. ¡Ajúa!
  -  Los periódicos de Vázquez Raña ponen en su lugar a AJota
  -  Los Duques de Lugo presidieron la entrega de los premios del ABC
  -  King of Spain honors J-School Nominee
Je je je, no fue el Rey, fue la Infanta Elena
  -  Alejandro es uno de los 30 mexicanos más poderosos... Qué tal herencia recibiste, eh?
  -  Récord mundial de salto: AJota "se brinca" 31 años
  -  Entérense: AJota es, él solo, una universidad de periodismo. ¡Já!
  -  Salvador, Junco y Díaz Sánchez, galardonados con los Premios ABC
  -  Felices en Michigan porque ganó "the highest honor in Spain", pero no es el "highest". Sorry
  -  Junco era uno de los protegidos de Mrs. Gardner. ¿En serio?
  -  Nuestro candil de la calle deslumbra a los güeros: dicen que ennoblece el oficio
  -  Reforma es líder entre la élite ; ya le bajamos
  -  Bueno, qué amorazo: en Michigan le dan su doctorado al Tato
  -  Reforma llega a sus manos como si se lo entregara FedEx
  -  Alex alaba al Procurador General de Texas a nombre de sus conciudadanos por ayudar a los legisladores mexicanos
Criticas
  -  El periódico Reforma y el Berlusconi mexicano. Los Junco: una historia de impunidad mediática
  -  Difaman en público y negocian en lo oscurito
  -  El histrionismo de Junco... y qué fácil es acusar sin pruebas y comparar al difamador con el secuestrador
  -  Junco y sus grilletes
  -  Los Junco
  -  Los periódicos de Vázquez Raña ponen en su lugar a AJV
Mentiras
  -  AJV difunde a nivel mundial sus grandes mentiras
  -  Échate un taco / Así tituló Ale una conferencia: "From No. 2 in a province to No. 1 in a nation"
  -  Voy viviendo ya de tus mentiras...
Documentos
  -  Aquí están algunas de las pruebas que sirven para comprobar lo dicho, así como algunas cartas que en su momento fueron trascendentales en el desarrollo de los hechos que aquí se narran.
Álbum
  -  Fotografías de diferentes etapas de Don Rodolfo Junco de la Vega Jr. quien apoyó a su padre en los periódicos El Sol y El Norte - por orden de aparición - y que desde 1961 lo relevó en la dirección de los mismos, hasta el invierno de 1973 en que sus hijos - encabezados por Alejandro Junco de la Vega - en complicidad con su abuela, lo alejaron de la manera más ruin que se haya visto.
Zzzz
  -  Esta sección es un sueño. Bueno, a usted le puede dar sueño para ser más exactos. No son los rollos del Mar Muerto. No, son los rollos del ex alumno de Dale Carnegie que estudió para aprender a hablar en público. Lo que pasa es que cuando invitan a Alejandro Junco de la Vega a dar una plática, quién sabe en qué artes aparece su monólogo como "Conferencia Magistral". Él, especializado en esto, se dedica a arrullar a la clientela con su suave voz, y se avienta unos rollones bárbaros. En esta sección publicamos algunas de sus magistrales conferencias - el orden de los factores no altera el producto - para que nuestros visitantes se enteren de las mamertadas que dice el buen Alex. Que lo disfruten.
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Alejandro Junco de la Vega en una Conferencia Magistral
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Estas son Conferencias Magistrales... Ojo! No, no son los rollos del mar muerto... de risa; son los rollos de AJota

AJota es un buen egresado de Dale Carnegie, y siempre que habla en público se suelta un rollón en el que lo que va a decir lo tiene que salpicar de anécdotas ajenas o de ejemplos medios mamertos para que cualquier chamaco entienda de lo que está hablando. Por eso le encanta que digan que dictó una Conferencia Magistral. Eso es, de latín magíster, maestro. Él cuando habla, se convierte en el dueño de la verdad - o de perdido del balón - y dicta toda una cátedra. A ver si no nos confunde - a los que aquí escribimos - con algún ex jesuita como su sex to sentido le hizo pensar hace años que el sub comandante Marcos había seguido las enseñanzas de San Ignacio de Loyola.

A continuación, les dejamos este rollazo que se aventó en la Hemispheria que se celebró en San Pedro Garza García, N.L. el 12 de mayo del 2005.

Este texto ha sido tomado del site del Gobierno de Nuevo León y les recomendamos su lectura para que agarren la onda y vean la calidad de la melcocha. No se duerman. Sale:

Conferencia Magistral

"Pequeñas Cosas que nos Afectan Grandemente",
dictada por el C. Presidente y Director General del Grupo Reforma, Alejandro Junco de la Vega

12/05/2005

Por: Prensa de Gobierno

...en el Salón Intercontinental, San Pedro Garza García, Nuevo León

Muy buenos días:

Supongan que pudiéramos regresar mil años en el tiempo, el entorno sería radicalmente diferente, desde luego; un aspecto en particular llamaría la atención, dicen los científicos, y no es algo que nos vendría a la mente tan fácilmente.

Lo que más nos impactaría sería esto, el silencio, piensen en ello, todo el ruido existente en nuestro mundo moderno, televisión, teléfono, radios, autos, aviones, celulares, electrodomésticos, nada existía hace mil años.

Dicen que si realmente pudiéramos regresar a esa época el silencio sería ensordecedor, ahora veamos el otro lado de la moneda, consideren a cuánto ruido estamos expuestos en nuestro entorno actual, cuántas voces claman por nuestra atención, cada momento de nuestro día, están en todas partes, en la televisión, periódicos, radio, Internet, centros comerciales, en nuestros partidos de futbol, todas diciéndonos cosas que, insisten, necesitamos saber.

Alguien estableció recientemente que en una sola tarde podemos estar expuestos a una mayor cantidad de ideas, información que la que el Rey Enrique Octavo recibió en toda su vida; qué significa esto, significa que vivimos en un mundo tan lleno de información, que nuestro mayor reto es entender qué hacer con tanta, la información puede ser valiosa si sabemos lo que estamos buscando.

La fiebre de oro del siglo XXI es la carrera por encontrar formas de obtener información y usarla para crear valor, filtramos la información a la usanza de los viejos gambusinos en busca de las pepitas que nos harán ricos, a diferencia de esos viejos gambusinos, sin embargo, parecemos estar en la feliz posición que cada día se crea más información y con esa nueva información vienen nuevas oportunidades para crear valores.

Una mina de oro inagotable es una idea seductora y si se pone uno a pensar, eso es lo que se ha descubierto en la era de la información.

Parece pues bastante extraño que muchos no nos hemos unido aún a esta nueva fiebre de oro y eso me lleva al asunto que abordaremos en la siguiente parte del programa, buen Gobierno, o dicho de una manera más sencilla buenas prácticas.

Qué tiene que ver esta fiebre de oro de la era de la información con el buen Gobierno, simplemente esto: ya sea que uno esté hablando de un negocio, de un pueblo, de una ciudad, una nación o una región económica entera, la propuesta es la misma.

Si no estás completamente preparado para esta fiebre de oro no vas a tener éxito en el siglo XXI, participar en la fiebre de oro moderna pues, es algo que aplica no solo para los individuos, hay algunas importantes consideraciones de diseño y funciones que deben ser realizadas por el Gobierno y sus muchos organismos para asegurar que los ciudadanos puedan usufructuar el producto de sus minas modernas, hacer más con menos, obtener más resultados con menos esfuerzos.

El buen Gobierno involucra hoy en día cumplir las obligaciones del Estado hacia sus ciudadanos de la manera más eficiente posible; una, que permita que estos logren sus metas con un mínimo de tiempo y de energía.

En la era de la información hay un basto recurso mundial de conocimiento y experiencia que podemos explotar para asegurar que los esfuerzos de gobernancia estén bien dirigidos y sin embargo muchos países dejan que esta oportunidad de oro se les vaya de entre las manos.

Entre los socios del TLC, México parece ser uno de los que están dejando ir esta oportunidad simplemente no hemos aprovechado el nuevo paradigma, ¿por qué?, digámoslo así: todo mundo se ha unido a la fiebre de oro pero en el caso de mi propio país hemos estado buscando pirita, mejor conocida como oro del tonto.

En mi opinión nos hemos visto fatalmente distraídos por el uso y el abuso de la ideología.

Para los que viven al norte del Río Bravo la democracia es un concepto tan familiar que rara vez reflexionan en ella, en nuestro lado sin embargo durante mucho tiempo fue una tenue esperanza que parecía estar siempre fuera del alcance.

En épocas recientes, para un gran regocijo nuestro, esto ha cambiado, pero también ha sido la fatal distracción de la que hablaba; hemos estado tan ocupados con el reto de implementar la democracia que hemos fallado en otro reto igualmente importante, el de la eficiencia y esto nos ha lastrado en una manera importante; una pepita de información que nos muestre una forma más eficiente de administrar nuestro sistema escolar puede potencialmente tener enormes ramificaciones, un pequeño dato que muestra una mejor forma de otorgar permisos a nuevas empresas pudiera mejorar nuestro desempeño económico.

Un pedacito de oro de información respecto a la forma en que procesamos nuestros recursos naturales podría arrojar un valioso incremento en nuestro PIB, sin embargo se nos olvida que pequeñas fracciones de información pueden llevar a pequeñas victorias y que estas son los cimientos para conquistar grandes guerras.

El economista Tyler Cowen recientemente publicó un estudio de cómo si Estados Unidos hubiera crecido solo uno por ciento por año menos entre 1870 y 1990, entonces el Estados Unidos del 90 sería más pobre que el México actual; en otras palabras damas y caballeros, un pequeño punto porcentual de diferencia es todo lo que se requiere para dar el contraste entre este lado de la frontera y el otro.

Si se pone uno a pensar la alianza económica nuestra nos convierte en un equipo, en el campeonato mundial de la creación de valor, el equipo TLC, pero qué tan buen equipo formamos, podemos decir con honestidad que cada miembro del equipo está en buenas condiciones físicas, podemos honestamente decir que todos y cada uno de los jugadores tienen el mismo nivel, la respuesta es inequívoca aún no somos jugadores de la misma capacidad, cuanto más competitivo sería nuestro equipo si todos estuviéramos jugando al mismo nivel, consideren el ejemplo del petróleo, una industria monopólica.

Con cada barril extraído por nuestro gobierno perdemos una inmensa oportunidad, con ese mismo barril de petróleo, British Petroleum, por ejemplo, siete veces más valor agregado que nosotros, en pocas palabras tienen 700 por ciento mejor desempeño en cada barril de petróleo.

Tayler Cowen, señalo la importancia de esa pequeña cifra, uno por ciento, es uno por ciento, qué tal 700.

Hay muchas pequeñas cosas en el campo de la energía que al parecer desconocemos y no es el único sector y sin embargo en los círculos académicos intelectuales y políticos las pasamos por alto una y otra vez.

Seguimos cautivados por el hechizo de encontrar la gran ideología que transformará nuestro país con el majestuoso caso de una pluma presidencial, hemos sido seducidos por grandes planes de todos los sabores ideológicos y sin embargo ninguno de ellos ha arrojado los resultados que tanto ansiamos ver.

Cuando oigo hablar de estos grandes planes pienso en la Emperatriz Catalina, cuando ella gobernó al gran imperio ruso tuvo un gran plan para modernizar al país, quería construir varias grandes ciudades, que se convirtieran en centros de industria y de progreso, un día llegó el Emperador austriaco José Segundo en visita de Estado, los dos líderes colocaron la piedras fundacionales para una de la nuevas grandes ciudades que ella tenía en mente, Catalina puso la primera piedra, el Emperador José la segunda.

La Emperatriz se mostró sumamente entusiasmada ese día, su homólogo, el Emperador estaba más cauteloso, esa noche José Segundo le contó a un amigo: he terminado en un día un asunto muy importante con la Emperatriz de Rusia, "ella colocó la primera piedra de una nueva gran ciudad yo coloqué la última" fin del plan.

Buscar soluciones a nuestros problemas a través de grandes planes no llevará muy lejos el progreso económico de nuestra región, en México ya hemos tenido toda clase de visiones que nos llevarían a la prosperidad, el nacionalismo revolucionario del Presidente Cárdenas, la Revolución Verde, la marcha al mar de Ruiz Cortines, el arriba y adelante de Echeverría, la economía mixta de López Portillo, el neoliberalismo de Salinas y en breves semanas nuevos proyectos alternativos de nación.

Cada vez pronunciamos la frase mágica y esperamos el rayo fulminante, cada vez todo lo que obtuvimos fue otro numeroso batallón de cuerpos reguladores y una costosa burocracia llena de nuevos trámites y como los mexicanos no estamos dispuestos a dejar atrás la historia, todos y cada uno de los ejércitos siguen allí, imponiendo la normatividad de docenas de visiones no aprobadas.

Habrá una mejor forma si la simple diferencia de un punto porcentual es todo lo que se necesitó para crear un contraste entre este lado de la frontera y el otro, que tal si pensamos en cómo lograr pequeñas mejoras sostenidas a través del tiempo.

Un problema que enfrentamos es lidiar con la teoría económica, si hacemos memoria de lo que se nos enseñó en la economía uno ha habido toda clase de teorías en torno a los retos del desarrollo, pero todas ellas adoptan una perspectiva que ve al mundo desde muy lejos un vistazo macro, el tratar de entender los retos del desarrollo sólo analizando los niveles agregados de la economía es como tratar de entender nuestro universo físico sólo a través de un telescopio, en la realidad la mayoría de lo que hemos aprendido de nuestro universo físico ha sido a través del microscopio, al verlo de cerca hemos entendido los átomos, las partículas, el DNA, las células madre y más específicamente la relación entre estas, cómo se pueden alinear los átomos para que generen, no destruyan energía, el átomo del desarrollo, damas y caballeros, el que se requiere ver de cerca es la persona, el ser humano y la relación de unos con otros y le necesitamos crear un nuevo idioma común, uno que traspase nuestras fronteras físicas e ideológicas, el idioma del desarrollo, de la creación de valor para que la gente de la región económica pueda escapar el debate hueco de las ideologías y se acoja, no a visiones y lemas, sino a soluciones comprobadas, necesitamos usar esta nueva arma de comunicación para facultar a los cuidadnos con estrategias bien dirigidas para que incrementen el arsenal de nuestras jóvenes democracias, necesitamos diseminar las mejores prácticas, a los liderazgos claves de los medios y el sistema político, encontrar qué ha hecho que algunos países sea hayan convertido en campeones y hacer sus prácticas parte de nuestro saber colectivo.

No estamos hablando de grandes temas, ni de asuntos abstractos, hablamos de historias de éxitos bien documentadas que les dicen a personas comunes y corrientes qué se ha hecho específicamente para mejorar las vidas de otras personas.

Si ataca la causa raíz de un problema relevante nos gusta, si utiliza la menor cantidad de recursos críticos nos encanta, si su implementación puede traspasar fronteras, perfecto, si no está atado a una postura ideológica mejor, siempre complementando el qué con el conocimiento específico del cómo, pudiera parecer una paradoja pero necesitamos conocimiento sobre las economías del conocimiento.

Un estudio realizado por la Universidad de Georgia sobre el crecimiento en productividad de diferentes países y grupos étnicos arrojó unos números interesantes.

En el 2003 el crecimiento en la productividad de Corea del Sur 7.4 por ciento, en Estados Unidos 4.7, los mexicanos en Estados Unidos, 9 por ciento, la cifra correspondiente a los mexicanos, en México 6.5 negativo, no crecimos, decrecimos, no le ayudamos al equipo del TLC, podemos decir que esto nos sorprende.

Ninguna imagen de nuestra vida cotidiana capta mejor el problema que la escena vista todos los días en la frontera México-Estados Unidos.

Existe un flujo sin fin de inmigrantes ilegales y una y otra vez los vez cambiar ante tus ojos en el instante que cruzan la frontera de nuestro lado los carros van con los vidrios abiertos, los brazo afuera, basura cae de las ventanas, mientras ruedan al norte, echando relajo, sin cinturón de seguridad pasándose semáforos y altos, llegan al puente, los cinturones se abrochan, las ventanas se suben y en el interior del auto una actitud completamente nueva invade a sus ocupantes.
Ahora estamos en la tierra de las oportunidades y el progreso, ahora obedecemos la ley, ahora nos sentimos motivados, ahora tenemos un propósito y como esto se agregan a las filas de un inmenso y productivo ejército en el extranjero.

Qué provoca que la gente cambie en cuestión de segundos, de un lado de la frontera tienen extendida la mano y sus voces dicen dame, dame protección sindical, dame pensiones enormes, dame dinero que no me he ganado, 400 millones de dólares al año en el caso de Ciudad de México.

Del otro lado se arremangan la camisa y preguntan dónde hay chamba, qué más puedo hacer por mi mismo, si un sistema desalienta a sus ciudadanos de realizar esfuerzos productivos y los alienta a convertirse en algún tipo de parásito económico, no habrá ideología ni plan que funcione, nuestro sistema está al borde de ser así.

Un gran esfuerzo y ningún esfuerzo reciben casi la misma recompensa, el ciudadano le mete mucho, le saca poco, quién puede culpar a 20 millones por emigrar y muchos más por adoptar estrategias parásitas.

Estamos en riesgo de caer en una condición conocida como el dilema siberiano, en el dilema siberiano uno está pescando en el ártico cuando repentinamente cae a través del hielo si te quedas adentro te ahogas, si sales te congelas.

Muchas personas en nuestra región económica no tienen más esperanza que eso, están condenados y le ponen esfuerzo igualmente condenados si son parásitos, la vida para muchos de mis compatriotas sigue siendo desesperada y todos los días un mayor número de ellos se apretujan en contenedores o se amarran de bajo de vehículos para exportarse a una tierra donde esperan encontrar un mejor futuro, una que ofrece recompensa por sus esfuerzos.

Esto más que el TLC es lo que nos une estrechamente en términos económicos y es una forma disfuncional de hacerlo, los sicólogos llamarían esto una codependencia tóxica, yo le llamo una tragedia de oportunidades perdidas, se supone que las cosas no iban a hacer así, se nos dijo que a medida que el TLC abriera el comercio nuestro país se convertiría en un jugador de equipo más capaz y que en todas nuestras fronteras soplarían mejores vientos, crecería la prosperidad, al tiempo que las compañías más competitivas ganarían acceso a un mercado mucho más grande, una década después el sueño luce mejor que la realidad.

El crecimiento per cápita en los últimos 10 años ha sido un desolador uno por ciento, en contraste en ese mismo período el crecimiento coreano promedió 4.3 y el de China se ubicó en 7, México no se ha convertido en la economía productiva que pronosticaron los optimistas.

Se ha vuelto cada vez más claro que por lo menos ahora solo podemos esperar algún beneficio del Tratado mientras sigamos siendo una fuente de mano de obra barata.

Pero aún ese escenario no resultó favorable, la inversión continua trasladándose al otro lado del mundo, a China e India en busca de mano de obra de mejor relación costo-beneficio.

La esperanza era que el TLC reduciría la disparidad de ingresos entre Estados Unidos y su vecino sur, de hecho ésta se ha agudizado en un 10.6 por ciento en la última década, en pocas palabras parece haber poco en el TLC para acercarnos o unirnos productivamente en un objetivo común y sin embargo no dudo que hay voluntad de ambas partes para encontrar un terreno común y trabajar juntos para nuestra ventaja mutua.

Creo que el problema es que hemos estado buscando este terreno común en el lugar equivocado, algunas personas pensaban que podríamos encontrarlo al adoptar el consenso de Washington, su mensaje hacia nosotros en los países en desarrollo parecía ser, en esencia, que al abrir nuestras puertas a las fuerzas de mercado haríamos posible que la prosperidad nos inundara y sin embargo aquí estamos unos años después en época de seca, por qué, hay quienes están tan obsesionados por el resultado que olvidan el proceso y la infraestructura, que es un requisito necesario para obtener los resultados que desean, siguen obsesionados en el qué, no ven los cómos, se quedan en lo macro no bajan a los miles de micro que componen el sistema total y viven entre miles de micro anomalías.

La verdadera tragedia en esta historia es que este es el pan de cada día en el mundo de desarrollo, estamos totalmente acostumbrados a ello, muchas prácticas que solo generan tramitología y desperdicio son vistas como normales.

Como solíamos considerar normal que robaran nuestros votos y nuestras elecciones, aceptamos demasiado, aceptamos que es normal que estamos nadando en petróleo y gas y sin embargo lo importemos, aceptamos que es normal que tengamos un déficit de energía pero prohibamos que el sector privado la genere.

Nuestra vida cotidiana es innecesariamente complicada y enredada, cargamos con el lastre del desperdicio, la ineficiencia, la subutilización y estamos atrapados en un sin fin de círculos en los que repetimos nuestros errores.

En mucha grandes ciudades del mundo, por ejemplo, la rama política se mantiene separada de la rama administrativa, una muralla china las divide.

En Brasil se elige al alcalde pero el administrador de la ciudad es una posición que permanece el tiempo, los alcaldes podrán emigrar a mejores posiciones políticas, pero la experiencia del administrador de la ciudad se queda.

México pierde sus expertos cada tres años en cada nueva elección, hasta ahora he hablado principalmente sobre el país que mejor conozco, pero sería incorrecto pensar que esta receta serviría solo para curar este país.

Es muy claro que podremos trabajar juntos de una manera mucho más productiva si todos hablamos el mismo lenguaje, el lenguaje del desarrollo económico a través de mejores prácticas.

Hace algunos momentos hablé de la codependencia tóxica, pero qué pasaría si pudiéramos encontrar un manera de trabajar juntos hablando el mismo lenguaje, qué pasaría si mejoramos nuestra zona económica al tener un mismo enfoque, uno que asegure a nuestros ciudadanos la mejor relación, esfuerzo-resultado y que es el componente fundamental de esta lengua común fuera las pequeñas cosas, las mil y una mejores prácticas que constituyen una pujante economía, todos saldríamos beneficiados si adoptamos el lenguaje económico de las mejores prácticas.

Quizá México sea el socio que tenga más camino por recorrer de las tres naciones, pero eso no significa que no existan retos para todos, en el abordaje exitoso de los mercados globales, tenemos los tres retos enormes, consideren el crecimiento fenomenal de la economía China o bien como la India captura cada vez más empleos de Norteamérica.

Como región tenemos la imperiosa necesidad de mejorar nuestra competitividad y elevar nuestro nivel de vida y no vamos a encontrar un manual de instrucciones para lograr estos objetivos en los grandes planes y manifiestos políticos.

El ser competitivos tiene muy poco qué ver con slogan creativos, mucho qué ver con emular cualquier práctica que funcione mejor que las demás.
Necesitamos identificar todas las formas en que podamos evitar el despilfarro y la ineficiencia y necesitamos emplear todas las maneras en que podemos elevar al máximo nuestra capacidad de generar valor.

En pocas palabras, necesitamos averiguar qué funciona y hacerlo que funciona, más podemos colaborar, más podemos compartir, intercambiar conocimientos si nos focalizamos en esto, porque a pesar de todas las recetas y de los grandes planes de las últimas dos o tres décadas la dura realidad es que las perspectivas económicas para muchas naciones en desarrollo no han cambiado casi nada.

México es solo uno de muchos ejemplos, entonces qué se puede hacer al respecto, un acuerdo como el TLC puede ser un factor que fortalezca el desarrollo, pero todo depende de cómo lo usemos si se convierte en una herramienta más para seguir discutiendo teorías, muy poco va a cambiar, pero si lo usamos como un vehículo para trabajar en equipo, para comunicarnos mejor, para lograr mejores formas de gobierno y si lo hacemos el foco principal de algo tan simple y tan profundo como el compartir las mejores prácticas de todos los rincones de nuestros territorios no tengo la menor duda de que podremos tener logros espectaculares.

Es por ello que me emociona ver a gente tan capaz como la reunida en este auditorio para compartir conocimientos y estrategias.

En mi experiencia la mejor manera de predecir el comportamiento futuro de alguien es fijarse en lo que hace no en lo que dice, podemos aprender mucho más de los hacedores que de los habladores.

Esta reunión en breve entrará en una parte del programa donde vamos a aprender sobre las experiencias de líderes que sin duda han sido ejecutores de planes exitosos.

Van a compartir aprendizaje y experiencia que podrá narrarle a otros líderes y millones de ciudadanos mucho tiempo y esfuerzo.

Espero que intercambios como los que van a tener ustedes en Monterrey se repitan muchas veces, esto es Gobierno de la más alta calidad, señoras y señores.

Por mi parte, como comunicador, quiero reconocer el rol que viéremos desempeñado si nos importa el bienestar de nuestra gente, el producto de nuestro trabajo debe promover el desarrollo, debo admitir que no siempre lo logramos, en los medios es difícil salirse de una mentalidad emanada que persigue las fallas, los escándalos y las excepciones.

Cuando las notas y los reportajes se enfocan principalmente a todo lo que está mal en nuestra sociedad es muy fácil perder de vista aquello que va bien, el trabajo productivo bueno puede ser ignorado, ejemplos inspiradores e instructivos pueden quedar fuera, se requiere de un esfuerzo especial para salirse de la estampida.

Algunos medios impresos y electrónicos estamos dispuestos pero necesitamos su ayuda.

Por todo ese ruido que no teníamos hace mil años, hoy estamos abrumados por él, hagamos ambos un esfuerzo para discutir lo que verdaderamente importa, separemos el ruido coyuntural de las señales valiosas, usemos esta información para crear valor en nuestras comunidades, distingamos las pepitas de oro de información conducente al desarrollo de la pirita de la ideología sin sentido.

Tenemos ante nosotros una gran oportunidad, debemos tomarla; la vida, cuando se considera todo lo que ofrece, es nada menos que un banquete, porque entonces aceptamos que tantos de nuestros semejantes tengan solo migajas, esto no tiene que ser así.

Damas y caballeros la justicia dicta debe cambiar.

Muchas gracias. " Hasta aquí, cerramos las comillas. Al Marqués de las mismas - las comillas - le dio flojera ponerlas en cada párrafo, pero se sobreentiende que todo esto fue lo que dijo AJV.

http://www.nl.gob.mx/?P=leerarticulo&ArtOrder=

pleca

Noviembre 2001

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Alejandro Junco de la Vega

Un guerrero indio se acercó con el jefe de la tribu para hacer una consulta: 'Gran jefe, usted que todo lo sabe, díganos como va a estar el invierno'.
Gran jefe fumó su pipa y le dijo: el invierno va estar muy frío, ir a cortar madera.

Una semana de afanes después regresaron los guerreros para volverle a preguntar: 'Pluma Blanca, ¿cómo estar el invierno?, ¿necesitar cortar más madera?.

Pluma Blanca fumó su pipa, que no se que hierbas le pone, pero siempre tenía la respuesta y le dijo: 'Invierno ser muy frío, ir a cortar más madera'.

Después de otra semana de labores, regresaron los guerreros a hacerle una tercera consulta, en esta ocasión Pluma Blanca les dijo: 'Un momentito, yo ir a consultar con los espíritus'.

Se retiró a la parte de atrás de la tienda, tomó su celular y le habló a la redacción de un conocido periódico de la localidad.

'Oigan ustedes, periodistas que todo lo saben: ¿cómo viene el invierno?. El periodista le dijo: lo tenemos bien comprobado, el invierno viene muy frío, andan como locos los indios cortando madera'.

Amigos empresarios, yo tengo mucha información, la he obtenido de ustedes, yo les agradezco esta oportunidad que me dan para empaquetarla y compartirla con ustedes en la forma de una reflexión sobre el cambio, sobre nuestra transición.

Por muy gradual que sea el acontecer del curso de la historia, siempre hay un día, una hora, un minuto, en el que alguna acción significativa, se realiza por primera o por última vez.

A veces entendemos y medimos sus consecuencias en el mismo momento de los hechos, como nos pasó hace unas semanas cuando aviones comerciales, convertidos en misiles, enlutaron al mundo.

En otras ocasiones, sin embargo, hechos trascendentes que también cambiarán nuestras vidas para siempre, pasan desapercibidos. Acciones que con el tiempo nos traerán consecuencias muy profundas, a veces ingresan a nuestro mundo silenciosamente, sin imágenes espectaculares y aquello que en primera instancia parecía tener muy escasas conclusiones, con el tiempo adquiere su verdadera dimensión.

Si irrumpen violentamente a nuestras vidas o ingresan silenciosamente sin bombo y platillo, y si parecen grandes o pequeñas con frecuencia se nos dificulta asimilarlas, ¿por qué?, porque todo esto representa lo mismo: cambio.

El cambio nos hace titubear, nos exige repensar, nos obliga a pasar a otro estado de discusión donde se pone a prueba nuestra capacidad de enfrentar un futuro que ya se hizo presente. ¿Qué tanto cambio están ustedes dispuestos a aceptar?. ¿Qué tanto cambio podemos tolerar?, y esto se los pregunto con una acción muy discreta, muy especifica en mente: la de abrir o dejar cerrada una muy importante puerta, que de tanto polvo y telaraña parecería irrelevante.

A veces me imagino a un extraterrestre aterrizando en cualquiera de sus empresas y preguntándoles: ¿Por qué dejan tanto dinero sobre la mesa?, ¿Cómo es posible que el país sangre de recursos tan indispensables para su crecimiento?.

Este intruso, que por estar lejos es capaz de distinguir a aquellos países que se desarrollan a ritmos acelerados, de otros que se mueven tan, tan lentos que parecían estar estancados, nos diría: ya lograron un sistema democrático, qué bueno. Les falta dar el siguiente paso, falta darle contenido a la transición mexicana.

¿Cómo?, arreglando su estado de derecho: la mala administración de justicia les está afectando tanto como la falta de democracia, suponiendo, sin conceder, que no importaran razones éticas, morales, de eficacia en la lucha contra la corrupción, les doy una económica. Cada año nos vemos obligados como país a erogar 90 mil millones de dólares por concepto de servicio a distintos tipos de deuda. Para un país como el nuestro, se estima que una cuarta parte de esa erogación tiene que ver con el denominado "riesgo país".

Ese riesgo que a veces nos suena como un concepto un tanto etéreo, enrealidad se traduce en pesos y centavos que ustedes erogan.

Los mexicanos pagamos entre 20 y 25 mil millones de dólares cada año por la falta de un marco jurídico institucional que genere un nivel de confianza en nuestro estado de derecho, similar al de los países con los que competimos.

Los recursos dilapidados actualmente y requeridos con urgencia para el desarrollo de México, son una gratificación extra a quienes tienen el valor de apostarle a un país que conlleva un gran albur: su estado de derecho.

Ustedes lo saben muy bien, si hay algo que inhibe la competitividad de sus empresas, es precisamente el alto pago de intereses, producto del pánico de inversionistas nacionales y extranjeros por nuestro precario estado de derecho.

Los ejemplos están a la orden del día, carreteras que parecen senderos del viejo oeste, donde los asaltantes hacen de las suyas, bancos que no pueden cobrar, estafadores que operan en la oscuridad, piratería rampante, narcotráfico, fraude, extorsión, secuestros, manejo de asuntos penales en forma amañada, etcétera, etcétera, etcétera.

Nuestro sistema judicial no es un sistema viral, esto lo entiende cualquier extranjero que invierte en nuestro país, y sabe que hay que evitar a toda costa un litigio en un juzgado mexicano, pues también sabe que allí hay funcionarios que violan la ley, que se coluden y que tienen componendas que a la postre terminan siendo asuntos pri-vados.

La oscuridad que cobija la autoridad en México es el ambiente perfecto para el crecimiento de dos hiedras que envenenan nuestra vida pública: corrupción e impunidad. Ciertamente la opacidad de nuestro sistema político va más allá del sistema judicial, la falta de rendición de cuentas invade todas las esferas de la vida pública, por ello constituye la gran barrera que impide que nuestra transición empiece a dar resultados tangibles y nuestra democracia se empiece a sentir en la vida diaria.

Los ejemplos de falta de transparencia y por lo tanto de rendición de cuentas, sobran: el policía que al registrarse un accidente automovilístico levanta un croquis y tiene la opción de falsearlo y venderlo al mejor postor, pues a final de cuentas sabe que es un documento que a pesar de ser público es de acceso restringido.

El director de escuela oficial que está excusado de dar cuentas sobre el desempeño de los alumnos, pues sabe que cualquier indicador de desempeño que aplica la Secretaría de Educación Pública es "información confidencial".

Igualmente el juez o magistrado que goza de plena libertad para manejar los expedientes de aquellos juicios bajo su responsabilidad, en un ambiente de absoluta privacidad, al final de cuentas aquella documentación que fundamenta las sentencias dictadas por el poder judicial, será información resguardada por toda la eternidad.

Es por ello que ustedes saben santo y seña hasta de la vida sexual del presidente Clinton, pero desconocen los detalles más básicos de lo que declaró su Presidente en relación al asesinato de Colosio.

El Secretario de Hacienda sigue siendo el dueño de toda aquella información relacionada con los impuestos que pagamos los mexicanos, tan es así que los presupuestos que elaboran cada año y que presentan al congreso, están de tal forma cifrados que por ningún motivo algún ciudadano podría cometer el crimen de entrometerse en su contenido.

El propio director de PEMEX, una empresa que es de ustedes, ¿cómo les respondería si ustedes le exigen que les entregue una copia de los contratos que tiene celebrado PEMEX con el asunto de las coberturas en el precio del gas?.

La cultura de la transparencia en la función pública es tan ajena a ustedes mismos que, por ejemplo, aún como lideres no se atreverían a exigir estar presentes en las deliberaciones económicas del Banco de México. Sin embargo, bajo las mismas leyes de reuniones a luz de día, en el Finantial Bank norteamericano, ustedes sí pueden estar presentes en las deliberaciones de la FED americana, junto a Alan Greenspan.

Conceptos directamente asociados con la transparencia, como lo son la rendición de cuentas, y la noción de que en una democracia el ciudadano debe ser el soberano original, ni siquiera han sido sintetizadas en palabras de uso común. No tendrían aplicación.

En aquellos países políticamente más desarrollados, los términos "accountably", "empowerment" son parte central del lenguaje de la democracia.

Estos dos conceptos fundamentales: rendición de cuentas y el ejercicio delpoder por parte del ciudadano, no surgieron por generación espontánea. Son el resultado de esos cambios silenciosos, pero profundos, de los que hablaba al inicio. Cuando pienso en este tipo de evoluciones se me va la memoria a un capítulo de la historia universal, que parecía que no pasaba nada y sin embargo hoy sabemos que se gestaron grandes transformaciones.

Un ejemplo emblemático de estos cambios a primera vista insignificantes, es lo que sucedió con la navegación marítima. Un arte que se ha perfeccionado a través de miles de años, desde la antigüedad los marineros aprendieron a viajar juzgando la profundidad del mar y observando. Hasta el año 1200 había límites verdaderamente infranqueables para quienes querían explorar los mares. Una pequeña innovación surgió y de pronto, todo cambio, el invierno y la mala visibilidad dejaron de representar barreras para la navegación. La brújula, un instrumento a primera vista inofensivo, se convirtió en catalizador del crecimiento y de la expansión del comercio mundial.

Quien fue capaz de capitalizar el potencial de aquella pequeña innovación pudo alcanzar mayor riqueza y prosperidad, las Ciudades Estado italianas son un ejemplo claro de esto. Los barcos de Venecia empezaron a usar el compás magnético y para el siglo XIII se habían transformado de una pequeña villa de pescadores al principal imperio del Mediterráneo. Se pudiera decir que allí tiene su origen, nada más y nada menos, que la era del Renacimiento, la era de la razón.

Por ello no creo exagerar cuando digo que una pequeña innovación puede cambiar el curso de la historia y las vidas de las personas que lo adoptan. Este es un tema recurrente de la historia, y en la esfera de nuestra vida pública, la obligación de quien está en el poder de rendir cuentas al gobernado pudiera parecer un cambio menor. Y sin embargo es la brújula que a pesar de su aparición discreta ha transformado la vida de muchas naciones.

Por sencillo que parezca este pequeño cambio: el derecho del ciudadano a la información y por lo tanto, la obligación de los órganos del Estado a rendir cuentas, es lo que hace la diferencia entre una democracia que se practica una sola vez cada seis años, a una democracia que se ejerce todos los días.

Pero, ¿qué urgencia tenemos para dar este paso?, ¿qué diferencia hay entre cinco, diez o quince años?, ¿cuál es la prisa de salir de esta edad media mexicana que tenemos desde hace 70 y que todavía no terminamos de abandonar?.

Me parece que en el título que eligieron para este encuentro está buena parte de la respuesta, la transición que vivimos hace un año tiene valor no porque el cambio sea bueno en sí mismo. Su valor está en que nos impone retos y la ocasión propicia para enfrentarlos. La alternancia nos colocó frente al reto de darle contenido a nuestra vida democrática, haciendo al ciudadano el centro de la acción de gobierno.

Estamos todavía ante la oportunidad de romper con esa inercia en la que los individuos somos ajenos a los asuntos públicos y garantizar a cada mexicano la posibilidad de ser un participante activo y por lo tanto informado en las decisiones que nos afectan a todos. El momento para hacer práctica cotidiana nuestra incipiente democracia, se nos presenta ahora. Difícilmente la volveremos a tener en cinco, diez o quince años.

Pero la urgencia está no sólo en la oportunidad que se nos va, está en el peligro que nos queda. Porque existe un tercer tipo de cambio del que no he hablado, que es muy dañino para cualquier nación, estoy hablando del cambio que se anuncia con bombo y platillo y que en primera instancia pareciera abrir la puerta a transformaciones profundas, pero que al final termina siendo un acontecimiento tan espectacular como hueco. Estoy hablando de la transición de membrete.

El dos de julio pasado vivimos un momento inédito, hicimos realidad un evento largamente esperado: la alternancia, sacar de los Pinos a un partido que se las había arreglado para permanecer allí por siete décadas. La celebración tuvo su justificación, simboliza la oportunidad de transformar la forma en la que se ha venido sucediendo el poder en nuestra patria.

Sin embargo, hacer realidad está aspiración ciudadana requiere mucho más que un dos de julio, se necesitan reformas mucho más de fondo que aumentar impuestos. Entre estas hay tres que son medulares: archivos abiertos, reuniones a puertas abiertas y un sistema judicial abierto.

Así sea la información generada por el Legislativo, Ejecutivo o Judicial, en el nivel municipal, estatal o federal, es patrimonio del ciudadano. Hay que tumbar polvo y telarañas, ingresar al mundo de la transparencia y así, se los aseguro, le daremos contenido a nuestra transición.

A un año de distancia, el peligro es que la oportunidad histórica del dos de julio se quede en pirotecnia trivial, en una simple evolución de nombres y colores de partido. La verdadera transición debe ir más allá, implica una redefinición, no más servidores públicos que al no tener que informar y rendir cuentas se convierten en amos. No más ciudadanos que al verse imposibilitados de conocer y exigir se convierten en siervos. No deseamos cambiar de amo, anhelamos no ser siervos.

Una democracia próspera sólo se podrá edificar en la medida que se cimienten los pilares que la sustentan. Si nuestro estado de derecho es débil, si al ciudadano se le esconden y manipulan los estados de la vida pública, la justicia, la democracia y la prosperidad serán endebles.

Amigos industriales, siempre hay un día, una hora, un minuto, en el que algún cambio silencioso puede cambiar nuestro mundo. Ya adquirimos jubilosamente el derecho a votar, necesitamos adquirir ahora silenciosamente el derecho a conocer. Muchas gracias.

http://www.coparmex.org.mx/contenidos/

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CONFERENCIA (Nota Nueva)

Reflexiones sobre la profesionalización del periodismo*

Alejandro Junco de la Vega

En estas páginas se subrayan los desafíos que afrontan hoy la industria de la información y las empresas periodísticas, especialmente en los países menos desarrollados, en estos nuevos tiempos de libertad política y económica y de globalización de los mercados. Especialmente, se hace hincapié en la necesidad de mejorar y perfeccionar permanentemente los métodos derecopilación, almacenamiento y distribución de la información. En este contexto, asimismo, se sostiene que sería un grave error otorgar a los egresados de las escuelas de periodismo el monopolio del ejercicio de la profesión, pues esto iría en detrimento tanto de la sociedad en su conjunto como de los programas de estudio de las escuelas de periodismo.

Soy egresado de una escuela de periodismo. Cuando comencé a trabajar en el periódico El Norte, una de las principales tareas que me propuse fue crear, precisamente, una Escuela de Periodismo dentro del periódico. Al materializar este proyecto, en el verano de 1970, lo hice con la intención de que la Escuela se convirtiera en el polo de desarrollo profesional para alcanzar la excelencia en nuestro medio de comunicación.

Afortunadamente, hoy puedo mirar hacia atrás y decir con orgullo que dicho objetivo se cumplió. Tal vez lo hice entonces motivado por mi juventud, por quijotismo o por convicción, pero, sobre todo, por mi vocación de servicio y por el interés legítimo de hacer negocios. Nuestros diarios, gracias a su programa educativo, no sólo han llegado a ser mejores medios de comunicación sino también negocios más prósperos. De manera que les quiero hablar desde la perspectiva de un periodista que tiene tras de sí una historia muy positiva que narrar en el tema de la profesionalización de los medios de comunicación.

Durante mi visita a Chile he podido conocer algunos de los temas que preocupan a los editores y he tenido la oportunidad, a la vez, de reunirme con
el Presidente Patricio Aylwin, el Ministro Secretario General de Gobierno, el
presidente del Senado y la mesa directiva del Colegio de Periodistas. Me ha
alegrado constatar que todos, aunque con diferentes variantes, estánconscientes de la necesidad de mejorar los flujos de información, encalidad y cantidad.

Con todo, el más significativo de los diferentes temas tratados, a mi juicio, dice relación con la profesionalización y dignificación del oficio del periodismo, un noble objetivo que es compartido, estoy seguro, por todos ustedes, y al cual me referiré más adelante. Primero haré una breve alusión al contexto en el cual debe situarse hoy, en mi opinión, la problemática de la información ydelperiodismo, a la luz de los desafíos de desarrollo económico que afrontan nuestras sociedades latinoamericanas.

Libertad, información y desarrollo económico

La disolución de las repúblicas soviéticas ha marcado el fin de una era y el comienzo de una nueva. Ha terminado la era del control y se ha iniciado la de la libertad, donde el consumidor de bienes y productos de servicios ocupa un lugar principal; donde las leyes de oferta y demanda asignan los recursos en torno a aquellas cosas que la sociedad considera valiosas.

En mi opinión, quizás deformada por mi formación profesional, nuestros países deben competir hoy con sociedades que han logrado avanzar mucho,fundamentalmente en el desarrollo de sistemas de información y de transmisión de conocimiento. Y esta es la razón, entre otras, de que ellas sean máseficientes en la producción de bienes y servicios. En toda sociedad, la calidad de la información es la que determina la calidad de su decisiones.

La información es, en efecto, una herramienta fundamental de competitividad: hacia adentro, para que los mercados internos operen en forma mejor; hacia el exterior, para que se disponga de algo más que mano de obra barata como ventaja comparativa. Cuando México exporta estaño a mil trescientos pesos el kilogramo y éste regresa a los seis meses a treinta mil dólares lalibra, empacado en forma de chips de computadora, la diferencia en el valor entre un producto de importación y otro de exportación estriba, simplemente, en el grado de conocimiento que posee ese producto.

Una de las principales metas que debe proponerse la industria de la información es hacer, por consiguiente, que nuestros países no intenten incorporarse a la economía mundial con las vendas en los ojos, con un brazo amarrado a la espalda. Debemos constituirnos en un factor de apoyo, a través del desarrollo de métodos ágiles de recopilación, almacenamiento, recuperación y distribución de información, para que nuestros mercados puedan competir en igualdad de condiciones en el exterior. Debemos transformar nuestros países en sociedades ricas en información, donde ésta sea, en el hecho, patrimonio de todos y no el privilegio de unos pocos.

En síntesis, en esta nueva era todos los actores del proceso económic debieran pensar en términos de cuál puede ser su aporte particular. En nuestro caso,debemos acrecentar la rapidez en la toma de decisiones de los actores sociales, propiciando un mejor flujo informativo.

Dignificación real y dignificación espuria

Señalé antes que uno de los grandes temas de la industria de la información es el de la dignificación de la labor periodística. He podido advertir, sin embargo, que hay quienes piensan en Chile que se puede avanzar hacia la dignificación del periodismo a través de la exigencia de un título universitario para el ejercicio de la profesión. En mi opinión, la "profesionalización" por esta vía (el monopolio) consütuye una forma espuria y artificial de dignificar el periodismo. Fundo la afirmación en tres elementos.

En primer término, la verdadera dignificación de un oficio se obtiene como resultado de un saber efectivo; y no por decreto.

Las industrias de la información, como cualquiera otra, están sujetas a premios y castigos, a consumidores que pueden con su plebiscito diario decirnos siestamos o no satisfaciendo sus necesidades. Por consiguiente, movidas por el interés legítimo de tener más credibilidad, mayor prestigio, éstas gravitarán hacia aquellas áreas del conocimiento profesional que más puedan aportar.

Y hay aquí, en efecto, un gran incentivo para contratar periodistas. Por vocación, por entrenamiento, por desarrollo de sus habilidades, por convicción, el periodista tiene algo que aportar, más allá del hecho de poder exhibir o no untítulo de periodista otorgado por una universidad.

La segunda razón de por qué el camino de la limitación del ejercicio de la profesión a quienes hayan estudiado periodismo en una universidad es equivocado, dice relación con el hecho de que la actividad de la transmisión de información y del conocimiento se basa cada día más en áreas multidisciplinarias. Son muchos los campos del saber que pueden ayudar a perfeccionar los sistemas de información escrito, radial o televisivo. A la vez, lacomunicación de las distintas disciplinas a través del periodismo permite una mejor comprensión de la realidad. En verdad, existe hoy una grann necesidad de conocimientos precisos, no adjetivos, sino sustantivos. En la redacción de nuestro diario, por ejemplo, hemos contratado recientemente a un especialistaen ecología. Sabemos que dándole las herramientas del lenguaje periodísticopuede hacer un importante aporte.

Sería un error dejarle la temática del periodismo a una sola profesión, porque elperiodista, si bien no tiene capacidad para decir a la gente qué es lo que debepensar sobre determinada materia, sí la tiene para fijar la agenda, para decidir silo importante son los problemas de comercio exterior o los ecológicos. Meparece injusto que la sociedad pueda ver solamente en el espejo lo que filtrenalgunas personas que han sido autorizadas como periodistas.

El campo del conocimiento humano es muy variado y debe ser visto por múltiples ojos, que aporten a la vez múltiples puntos de vista.

Considero inconveniente la idea de la monopolización del ejercicio del periodismo, en tercer lugar, porque eso le haría un gran daño a la profesión en el largo plazo. Ello, porque de esa manera se le privaría al periodista y a las escuelas de periodismo de hacer una introspección acerca de los procesos de educación en los que se desenvuelven, de hacer un análisis hacia adentro que les permita determinar qué cosas son de verdadero valor hoy en día y qué cosasse deben adaptar en sus programas educativos. Es necesario que las escuelasde periodismo reflejen aquellas cosas que van a dar un valor agregado a lacomunidad.

Un punto que adiciono a este último argumento es si el ser titulado comoperiodista puede brindar o no garantía absoluta de que se va a ejercer laactividad con ética y profesionalismo. Si se considera que sí,entonces debiéramos hacemos la siguiente pregunta: ¿quién garantiza la buena formación de ese periodista?

Creo que todas las escuelas de periodismo que hay en este país están facultadas para otorgar un diploma al periodista. Pero, ¿Cuáles son las que tienen los mejores programas de capacitación y entrenamiento? ¿Cuáles tienen la calidad educativa necesaria como para confiar en que sus egresados hagan un buen uso del monopolio de la profesión? ¿Posee alguna, acaso, la bolamágica de cristal que le permita saber cuál debe ser el perfil perfecto delperiodista y cómo prepararlo para la sociedad futura? Creo que falta mucho camino que correr en este sentido. No he encontrado todavía escuelas que se especialicen, por ejemplo, en todo lo referente a almacenar información de una manera recuperable; en cómo crear sistemas de bases de datos que nospermitan transitar desde la guerra de los adjetivos a la muestra de lo sustantivos, vicio que caracteriza prácticamente a todos nuestros países en América Latina.

No he visto aún que se hagan los empeños necesarios para entender los
problemas que afronta la comunidad en muchos de sus retos al futuro.

Esa pobreza conceptual se va a solucionar únicamente cuando se permita a las escuelas de periodismo afrontar las realidades del mercado y se avance hacia una solución de largo plazo que verdaderamente dignifique al periodista a través de una formación y entrenamiento que lo faculte para crear cosas que sean de valor para el medio de difusión y, por tanto, para el público lector.

Pienso que la necesidad que perciben algunos de limitar el ejercicio del periodismo a quienes tengan el respectivo título universitario se relaciona con la supuesta influencia excesiva que tienen algunos medios de difusión sobre la comunidad, puesto que algunos de éstos han adquirido un tamaño tal que impide que otros más pequeños tengan oportunidad de competir.

Miremos este tema desde otra perspectiva.

Hay una industria de la información con la cual el ciudadano medio tiene un contacto muy directo: los periódicos, los canales de televisión, las estaciones de radio. Pero no debe cometerse el error de pensar que el mundo gira en torno a esa industria de la información, cuando, en verdad, la información ñuye enmúltiples formas, las que finalmente vienen a ser los pilares que sustentannuestra labor de procesadores de la información.

El reto que tenemos hoy estriba en descubrir cómo mejorar los sustentos de nuestra industria. Sólo así podremos establecer un campo de juego más "nivelado", en el que participen todos los procesadores de información, sea poniendo tinta en papel, enviando señales de computadora en forma electromecánica o por ondas de radio, etc. En la medida que exista un campo nivelado que dé igualdad de oportunidades a las empresas de la información, vamos a tener diversidad de puntos de vista.

También hay problemas relativos a lo que yo llamo la "infraestructura" en que se desarrollan los medios de comunicación, los que se manifiestan de muchas formas. En los países avanzados existe hoy día toda una reglamentacióndestinada a hacer fluir la información desde los distintos generadores, como en el caso norteamericano a través de los disclosures, con fijación de términos, plazos, cantidades, calidades y costos. Esta fluidez obligada tiene por objetivo impedir que la información sea el privilegio de quien la genera en formamonopólica. Un ejemplo que cito con frecuencia al respecto es la ley que obliga a la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos a difundir sus criterios jurisprudenciales. De esta manera, a través de medios modernos, electromagnéticos, en diskettes de computadora, esa jurisprudencia essometida a un proceso de indización y de recuperación. En menos de 24 horas desde que la Corte emite un juicio, en cualquier pequeño poblado de los Estados Unidos un abogado puede hacer lo que en nuestros países le toma semanas de trabajo manual en una biblioteca. Sin esa agilidad se retrasa la toma de decisiones de todos los actores del proceso. Finalmente, el abogado mexicano o el chileno, a la hora que debe competir con su contraparte de un país avanzado, está en una situación de evidente desventaja. Este es sólo un ejemplo, pero se da en otras áreas, como en el comercio, la educación, etc.

Feudos informativos

En nuestras sociedades hay una serie de feudos informativos, lo que se traduce en que sólo ciertas empresas grandes, que poseen "derecho depicaporte", pueden abrir puertas de ministerios, de tribunales, de jueces. Y esasson, precisamente, las empresas que tienen ventajas sobre las pequeñas y medianas.

Pero el problema no lo causan aquellas que son grandes; el problema está en que a las chicas no se las promueve verdaderamente. En algunos países se las apoya con dinero, con créditos, con tecnología, pero esos métodos son formas falsas de respaldo. Las empresas pequeñas y medianas necesitan que se les permita, en igualdad de términos, acceder a la información; tal como hoy lasmás grandes, en virtud de su tamaño o de su prestigio, tienen acceso a esa información.

Algunas autoridades del Gobierno chileno me manifestaron recientemente queestaba en estudio un anteproyecto de ley de prensa. Temo que con ello se estéintentando hacer calzar la realidad en un molde preestablecido.

Nuestros países, cuyos sistemas jurídicos son de origen napoleónico (códigos positivistas), tienden a querer editar en forma milimétrica aquello que a nivel mundial cambia en forma kilométrica. El desarrollo tecnológico nos está llevando a lugares que no conocemos, y, sin embargo, pretendemos ponerlos ahora en letras de molde con el fin de dilucidar de antemano materias tales como, por ejemplo, qué va a ser más importante ¿el secreto profesional o la seguridad nacional?, ¿la vida privada o el derecho de información? Pienso que este empeño conducirá finalmente a una situación en que todo aquello va a sumar cero. Es decir, la ley no va a proporcionar ninguna ventaja sobre lo que actualmente se tiene, y sí va a poner en riesgo algunos conceptos importantes relativos a la libertad de expresión.

Ha sido para mí motivo de gran satisfacción observar que en Chile la propiaindustria de la información está adoptando medidas autorreguladoras con el finde asegurar, por ejemplo, que el ejercicio de la libertad vaya acompañado de una gran responsabilidad ética. En este sentido, un botón de muestra muymeritorio es el Consejo de Ética que ha establecido la Federación de Medios deComunicación de Chile.

Pienso, por consiguiente, que los esfuerzos deben dirigirse a resolver losproblemas de la cantidad y calidad de información y del acceso a ella, y no a controlar la prensa. Y en este respecto, como mencionaba antes, puede avanzarse quizás a través de una reglamentación muy precisa, para evitar que la información sea privilegio únicamente de los feudos que la crean. Pienso que Chile está hoy en muy buen pie para que ello suceda.

La tarea más importante de hoy es ajustar nuestra acción a las exigencias del mundo actual. Esto quiere decir que debemos afrontar los retos y hacer uso de las ventajas que este mundo nuevo nos está ofreciendo, pues sólo así nuestra industria, la de la información y del ejercicio del periodismo, estará anclada en raíces firmes, y no en artificios, dádivas o componendas legales.

ALEJANDRO JUNCO DE LA VEGA. Periodista. Ex presidente de la Sociedad
Interamericana de Prensa (1992-1993). Director de los diarios El Norte y El Sol de Monterrey, México.

* Transcripción editada de la intervención del autor en el marco de la reunión
del Club de la Prensa, de la Asociación Nacional de la Prensa de Chile, realizada en Santiago de Chile en noviembre de 1992.

Estudios Públicos, 53 (verano 1994)

http://www.cepchile.cl/dms/lang_1/doc_1207.html

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AEJMC 2005 Convention Paper Abstracts (Nota Nueva)

August 10 to 13 - San Antonio, Texas

2005 AEJMC San Antonio Convention Keynote Speech

Alejandro Junco de la Vega of Reforma

Ladies and gentlemen, few activities could give me more pleasure than exchanging thoughts about journalism. For that reason, and for her kind introduction, I want to thank Mary Alice Shaver for the opportunity to address this most important group of educators.

In my impossibly biased view, you do...God's work.

But before we get into discussions and take ourselves some miles up into the sky to get the broad view of journalism, I think it might be useful to remind ourselves how it can feel when you're hard at work in the trenches.

They say that a journalist is a machine that converts coffee into copy.

There is a good deal of truth in that. In that vein, I'd like to share a passage from a novel, the Arizona Kiss, by Ray Ring. He writes:

I can tell you what it's like to work for a newspaper. Imagine a combine, one of those huge threshing machines that eat up a row of wheat like nothing, bearing down on you. You're running in front of it, all day long, day in and day out, just inches in front of the maw, where steel blades are whirring and clacking and waiting for you to get tired or make one slip.

The only way to keep the combine off you is to throw it something else to rip apart and digest.

What you feed it is stories. Words and photos. Ten inches of this, fifteen inches of that, a vertical shot here and a horizontal there, scraps of news and film that go into the maw where they are processed and dumped onto some page to fill spaces around the ads.

Each story buys you a little time, barely enough to slap together the next story, and the next and the next. You never get far ahead, you never take a breather, all you do is live on the hustle.

Always in a rush, always on deadline, you keep scrambling to feed the combine. That's what it's like.

The only way to break free is with a big story, one you can ride for a while and tear off in pieces so big, the combine has to strain to choke them down. That buys you a little time. But sooner or later the combine will come chopping after you again, and you better be ready to feed it all over again.

If you had to describe the experience of work in the 21st century-in one word-I think that for a great many people that word would be "pressure".

As the passage I've just read suggests, pressure can leave you with precious little time to ask yourself the larger questions:

Is this the right story to run?
Am I asking the most important questions?
Is it framed correctly?
Is it conducive to our community's development?
Is what I am doing ethically sound?

If the reporter and editor have too little time to stop and ask him or herself such questions, do we have a problem?

I believe we do.

Consider the scandals of fabricated or inadequately investigated stories. Things, it seems, are not exactly as they ought to be.

When ambitious young journalists fabricate stories to make their name, is that an aberration or the sign of a profession with a problem? Are values being corroded by ambition? Are fame-seeking reporters undermining the integrity of our media?

Are they feeling the pressure of the so-called pajamahadeen-that army of fact-stomping and intensely partisan bloggers? Do they worry that they will be swamped by a sea of alternative media and other growing sources of information? And is that leading them to errors of judgment?

Could some colleagues be "adjusting" the rules to get the break they're after?

I ask this because I acutely appreciate what it means to have a compromised system of journalism. In my country, we have seen what happens when reporters have no ethical compass, no overriding sense of purpose of direction, and no commitment to practicing journalism for any purpose other than to earn a few pesos.

A generation ago, ethics and integrity were all but foreign concepts to journalism in Mexico. Today, we live in better times.

A generation ago, there was no freedom of the press in my country. Today, it is flourishing.

A generation ago, people had no faith in the words they read because they knew those words might have arrived there through bribe, through patronage or coercion. Today, readers can turn to us, trusting we will tell them the truth.

A generation ago, our democracy was strangled because our media had no voice. Today, that voice is louder and stronger, and democracy is coming to life.

A generation ago, ethics played little part in our journalism. Today, to us, they could not matter more.

In one generation, a corrupt system was transformed into an honorable one.

Journalism, I learned as a student in America, can be a potent force for good and a potent force for change. But it can only be a force for good, and a force for change, if you have the right people giving reporters the right guidance at the right time and in the right way.

Without the right people offering guidance, all you have is that huge threshing machine saying "give me more, give me more," and reporters feeding the machine.

In our newspapers, the guidance is strong, and it comes-not just from publishers or editors-but from a very unusual place.

Let me explain what it is and how this has come about.

A generation ago, I went to the United States to study journalism. I took what I had learned back home and set about applying those techniques in our family's own newspaper in Monterrey.

We rewrote all the rules:

We made a point of recruiting only young, idealistic and inexperienced reporters, who would listen and learn about journalism and ethics, about what was expected in their working relationship with their news sources, and about their first concern being the reader's interest.

For the first time in a Mexican newspaper, reporters were paid wages equal to those of other professional fields.

We threw out the system of news people reporting AND selling advertisements at the same time to the same source.

We banned bribes and gifts, which were traditionally accepted, and even expected, by Mexican reporters and editors.

Naturally, high-level officials in government and business were unhappy...as was anyone used to having things reported their way.

But our readers recognized the honesty and the difference; they became our allies in this crusade. And we, in turn, invited them to play a bigger role than readers are usually asked to play.We asked them to come and scrutinize our internal editorial processes. We asked them to sit on our editorial councils and give us guidance.

Our competitors were amused to see us place our fate in the hands of citizens of the community.

"It won't work," they said.

"It can't be done," they said.

"You can't put this in the hands of amateurs."

But it could indeed be done, and it has worked, undeniably. Why? Because in a democracy there is no such thing as an "amateur." If an issue matters to you, then it is-by that very fact-an issue to be explored, reported and debated.

Democracy is based on the conviction that there are extraordinary possibilities in ordinary people.

Each year, we inaugurate a new set of councils, and for the ensuing year, the members of those councils play a critical role in our papers. They determine the stories we run, the questions we ask, and the direction we follow.

They are our compass, and they are our conscience. As a means of maintaining ethical standards, I have seen few systems that have as strong an effect. Why? Because our business is laid bare. We share everything.

And, watching everything, the boards have their say. Their influence is deep.

But that influence is not confined to our papers. Indirectly, these councils are also influencing the direction of a nascent democracy: They don't tell citizens what to think, they tell them what they ought to think about.

After all, how do you make change? First, you set the agenda. You raise the questions. You alert people to a problem. And then you offer them a potential solution--another way of doing things, a better way.

This has been our journalistic paradigm-day in and day out-for 15 years now.

It is the editorial councils who have had a large influence on the questions we have raised, the problems we have publicized, and the potential solutions we have explored.

There is a lot of weighing and balancing to be done:
Do we raise this question, or do we raise that one?
Do we focus on this problem or pay more attention to that one?
What solutions do we offer? What interpretations are there?

The editorial council members have tackled these issues from the many perspectives they bring, and they have tackled them with the earnestness of people who understand how much is at stake.

They have grasped, keenly, that journalism owes more to its readers than simply being ethical. We have to be asking not just any question, but the right question. We have to fill our pages not just with topics, but with the right topics.

When you are spoilt for choice, if you're not careful, you can end up with nothing more than spoilage. We have so very many sources of information nowadays--it is a cacophony! With so much noise bombarding our communities, how are people to distinguish valuable signals from meaningless noise?

The editorial council members know that they have come to speak for the community. They know its members have many needs and hopes. They understand those needs and hopes because they represent those very people.

They know that the more our country develops and grows, the more complicated the choices will become. And they know that journalism can help people make those choices.

They know these options are not academic or theoretical. That they will determine whether our children will lead happier, safer and more prosperous lives. They know that you can fail people not only by your ethical failure, but also by your failure to ask the right questions and report the right stories.

With all that in mind, they watch, they listen, and they offer their views.

And day by day, issue by issue, they keep us on the right path so that our editors and reporters avoid the temptation of playing the game of the modern tech newcomers to publishing.

They maintain a kind of safety rail. We are far less likely to go over the rail and run inaccurate stories with those boards maintaining a watchful eye.

The value of that safety rail is incalculable. It protects the very reason behind our success and the principal source of our institution's future value.

I can't stress enough how significant a part of our operation these councils are, and perhaps it might help to demonstrate that by describing the sheer scale of the system.

Our newspapers are broadsheet, with several sections. Each newspaper section has an editor, each editor has an editorial council, and each of those boards is made up of 12 community leaders. Every single one of them comes from outside the paper.

And each week, each of those councils of 12 meets with each one of the 62 section editors. On top of that, we have thematic editorial councils in the subjects of Energy, Rule of Law, Education, Agriculture, Tourism, Transportation and Piracy.

So what does that give us altogether?

Seventy editorial councils, each made of up 12 community leaders. In other words, 840 specialized ombudsmen across the country speaking for its citizens. Almost 13,000 people in the span of 15 years.

The results of this deep engagement with the community have been quite remarkable.

Three years ago, Professor Manuel Chavez brought a team of researchers from Michigan State University and studied our editorial council process at length. He concluded that we had something unique-a new paradigm of community participation.

He found that although there is a comparison that you can draw with the American practice of "public journalism", that comparison could only take you so far. In that model, the newspaper sets the agenda. In our model, it is the public, through the editorial councils, who are at the steering wheel.

That makes a crucial difference.

It's a vital distinction, because the power is truly in the hands of our readers. That is empowering not only for our public, but paradoxically, for us on the newspaper as well; we become strong by being vulnerable...by being open.

With so much alternative information out there, we believe that the relative value of credibility is going up, not down. So we need to be different, not similar, to the competition we are under attack from.

But what other options are there? We all know the concept of the ombudsman. In conventional wisdom, that person is the representative of the people in the media. In our editorial councils, we go a crucial step further. We don't just have a representative of the people-we have the people themselves.

And not just any people or even average people, but tough-to-please educated people, the leaders, the decision makers. And to engage with them, our paradigm is simple: we share everything. We show the board members what is happening and seek their input and their appraisal.

Our papers have become champions of openness, and I believe that openness will prove to be a very big story when historians come to write about the 21st century.

Openness, as I see it, is fueled by the point of view that you should make the most information available to the greatest number of people.

This is, after all, the Information Age, and whatever we can do to make information available must surely be a contribution to economic progress.

In Mexico, where development matters so very much, our journalism offers the possibility of progress.

Our boards have a deep and abiding interest in this. They gladly help us search for new ways to help the community develop. They eagerly help us to frame the right agenda for our readers.

They are enthusiastic to explore the important questions:
How do we bring value to the community?
What best practices are out there that can be applied here?
How can we help put them to work for our country?
How can we contribute to becoming a productive nation?
What are the obstacles that impede us on the road to becoming an efficient economy and a viable political entity?

This is no idle intellectual indulgence. This is raw and vital stuff.

When they ask these questions, they are thinking of the boy, barely a teenager, who smuggles himself across the U.S. border lashed to the underside of a truck.

When they ask these questions, they are thinking of the child abducted from a busy street in broad daylight and held for ransom.

When they ask these questions, they are thinking of the drug lords who laugh at the law enforcement bodies that never bring them to justice.

When they ask these questions, they are thinking of the children who go hungry each night. Of the contrast between life in their own country and that north of the Rio Grande.

When I talk about the change we have seen in a generation, you might imagine that Mexico has catapulted itself into a new age of happiness and prosperity. But that is not so. We are still searching for answers.

We are still grappling with the reasons why the stream of migration northwards is unending.

We are still making sense of the tangle of bureaucracy and the legacy of generations of corruption and petty tyranny.

But where once we were a dispirited nation, there are now many of us who feel a new sense of purpose and possibility. If you could sit with the members of the editorial councils, you would feel some of that spirit.

When you are part of a common enterprise that you all believe in, when you are motivated in your work by some larger purpose, you are less likely to compromise your ethics in any way that will compromise the common cause.

Perhaps you've heard about the young man who applied one day for a job as an usher in a theater. The owner asked him: "If there was a fire, what would you do?" The young man said: "Oh, don't worry about me. I'm fit. I could get out very fast."

I think of that story when I read about journalists breaking the rules to help their career. More often than not, you fail when you put yourself first.

I would like to think that in our enterprise, we don't have journalists preoccupied with gathering their own glory. I don't believe that is because we have better people, but I do believe that the system we have brings out the very best in them. That makes me proud of them, it makes me proud of the system we have, and it fills me with hope.

We live in a world where there is plenty to discourage us, but I have seen enough of the capacity of human beings to make each new day...better; to convince me...that there is always hope.

Some might say that our role as journalists is only to report. But "publish and shrug your shoulders" seems to me a dismal a creed.

I take a more hopeful view. How could I not?

I have watch our editorial councils help to frame the questions and the direction of our reporting. I have watched them reprove our reporters when they appear to be taking a wrong step, and I have seen many good things happening when they productively frame the agenda.

This is a more substantial step along from the so-called "citizen journalism" that has manifested itself in recent times.

The "See It, Shoot It, Send It" technique ABC has recently adopted, for example, which encourages citizens who should happen upon an event-the more sensational the better, no doubt-to pull out their picture-capable cell phone, record the event, and rush it wirelessly to the TV station, is incomplete.

It's all well and good to encourage your citizens to become your eyes and ears, but let's not forget, those citizens have a mind as well. Getting their audiences' observations is one thing. Getting their thoughts in an organized and stimulating process is far richer and more potent.

If you as an editor are willing to line your thinking and your paradigms up against the community's best and brightest, the insights you gain will inevitably be rewarding. You'll be a wiser, more informed editor.

You'll improve the opportunity of framing the information agenda, conductively. And this is key.

In our papers, we used to think in terms of visions of development. We no longer do that. More and more, we find ourselves analyzing our community's challenges, as a team-with community leaders-in terms of what has worked in other parts of the world.

We make comparisons. We ask: Who in the world is doing best in this or that field, what have they done to become champions, and how can we learn from this?

In other words, we do not merely inform about a taxi strike. We present information that can help the community determine how can we have a more efficient transportation system. For example...(Anecdote)

This is undeniably journalism with an agenda. We pursue that agenda because we believe we have a crucial role to play in our country's economic and political development.

By enabling community participation, by opening up our internal processes to the acid test of critical and educated minds, we also enable the community to function as a protector of ethics.

By guiding our reporters and holding them to account, the community acts as a protector of a journalism that acts for the good of the people, which in turn functions as a guardian of our democracy.

These are not idle thoughts or indulgences. We are very conscious that democracy, in countries as far away as Iraq, as close as Mexico, is a tender and vulnerable process. It is no more than a flickering flame, and we must do all we possibly can to protect and nurture it.

As a journalism student, I learned a great deal about the value of freedom of information, and its role in protecting democracy. I learned the importance of being able to bring to light the details of something-that someone, somewhere-does not want you to know.

And I learned that a dedicated educator-in our case, Professor Mary Gardner, a longtime member and former president of AEJ, who came to Mexico each summer for more than two decades to instill these ideals in our young reporters-could have, through a classroom, a colossal influence on the direction of our newspaper, on our profession and on the democratization process of our nation.

That is the function you perform as educators, and it is far from slight. It is, if you carry it out effectively, pivotal to a community's future.

It is also an evolving function, which needs to be open to new approaches.

I have spoken today about "framing the discussion" and working to an agenda. That might sound to be at odds with one of the most cherished of journalistic standards: objectivity.

Indeed, in the age of the opinionated blogger, you might argue that our objectivity marks out our journalistic professionalism as a significant point of difference-and a superior one at that.

I do not believe that it is impossible to work to an agenda of growth and the creation of value while also retaining our objectivity. Democracy prizes objectivity. It also prizes relevant information and the right to make an informed choice.

We live in a frenzied age, where the risk of information overload is ever-present. One wit once said that trying to determine what is going on in the world by reading newspapers is like trying to tell the time by watching the second hand of a clock. Now it is five, now it is six, now seven...

In a sense, that captures more of the essence of modern information overload than it does of the intrinsic nature of journalism. Our profession can in fact be a valuable tool for making sense of a confusing world. It can be an agent for change, for growth, for reform, and most of all for understanding.

In Mexico, we also know that it can be the vital instrument that protects our democratic freedoms. No matter how imperfect things are, as long as there is a free press, everything is correctable. Without it, everything is concealable.

Let us make the most of these discussions by dedicating ourselves to making a world that is correctable, and where concealment is just a regrettable memory of the past. And let us dedicate ourselves to achieving that by providing lifelong education about all these ideas to everyone who can benefit from them.

A recent article in The Economist mentioned this proverb:

"If you want one year of prosperity, grow grain.
If you want ten years of prosperity, grow trees.
If you want 100 years of prosperity, grow PEOPLE."

When you think about it, of all God's work, growing people must surely be the most important of all.

I cannot commend you enough for putting your talents and your skills and your passion to the vocation you have chosen: growing people. Your work can indeed bring forth a hundred years of prosperity.

But more than that, it can bring forth hope. It can bring forth truth. And, it can bring forth wisdom.

I salute you for that.

http://www.aejmc.org/convention/05keynotespeech_delavega.html